¿Cómo elegir un buen examen para mi institución?

Por Isabel Tabja Sahuríe, MBA, PMP

 

Después de graduarme en el colegio, estudié Diseño Gráfico. Poco después de mi graduación, la directora de mi escuela me llamó para que reemplazara a la maestra de Artes Visuales y esto fue lo mejor que me pasó. Mis estudiantes me inspiraron y desafiaron todos los días. Y fueron ellos quienes me ayudaron a encontrar mi verdadera vocación: ¡Me encantaba enseñar! Después de 8 años de enseñar Artes Visuales, estaba realmente interesada en aprender CÓMO aprendemos, y fue este interés el que me llevó de regreso a la universidad, y fue así que obtuve mi licenciatura en educación.

Nunca volví a las aulas, no al menos para enseñar, pero mi vida profesional en el campo de los idiomas me ha brindado grandes oportunidades para interactuar con docentes y aprender de sus experiencias en el campo de ELT (English Lanaguage Teaching, por sus siglas en inglés). Vi con mis propios ojos lo complejo que es para una institución educativa y para sus docentes elegir la mejor evaluación. 

En este artículo, voy a relacionar los conceptos básicos de validez, confiabilidad y estándares internacionales para la elección de un buen examen.   ¡Espero que los lectores encuentren esto interesante!

 

¿Qué características principales debe tener un examen?

Un buen examen no solo debe ser un instrumento para medir un conocimiento o habilidad específica, sino una oportunidad para aprender, ampliar su conocimiento y debe motivar a los estudiantes a ir más allá. En ese contexto, un buen examen debería ser un balance entre las siguientes cuatro características: impacto, practicidad, validez y confiabilidad. 

Veamos estas cuatro características con un ejemplo: un examen médico para manejar.  Tiene un impacto importante, pues determina si me darán o no la licencia de manejo.  Es práctico porque puede repetirse sin problema para grandes cantidades de personas, en cualquier ámbito del territorio nacional.  Es válido porque examina aquellos órganos que físicamente nos permiten conducir un vehículo, como vista, oído, movilidad de piernas y brazos.   Finalmente, podríamos decir que es confiable, porque existen parámetros pre-establecidos para aprobar o desaprobar en cada una de las pruebas a las que somos sometidos durante el examen. 

Sin embargo, en este artículo queremos enfocarnos en exámenes académicos, y en ese sentido haremos énfasis en dos características: validez y confiabilidad, ambas esenciales desde mi punto de vista.

¿Este examen mide lo dice que mide?

A esta pregunta responde la característica de VALIDEZ.   

Según los principios básicos de ALTE y de Cambridge Assessment, un examen es válido en cuanto evalúa lo que se pretende evaluar. La validez relacionada al contenido, es decir, cuánto del contenido o del currículo que se evalúa en el examen corresponde al contenido y currículo desarrollado en el aula.  Por ejemplo: si en la clase se aprendió a expresar acciones en tiempo pasado simple, en el examen se incluyen preguntas donde el alumno tiene la oportunidad de expresar acciones en pasado simple.

La validez relacionada al constructo, es decir, hasta qué punto un examen mide de forma específica la habilidad que se aprendió en clase.  Por ejemplo: si en la clase se aprendió a identificar información detalle en la habilidad de comprensión lectora, y en el examen, las preguntas de comprensión lectora incluyen identificar información de detalle.

En este contexto, tanto docente como alumno deben tener acceso a toda la información relacionada con el contenido conceptual y procedimental que será evaluado.  Un buen examen, tendrá esta información a disposición de los interesados de forma explícita para que pueda ser consultada en cualquier momento.

 ¿Los resultados de este examen son confiables?

A esta pregunta responde la característica de CONFIABILIDAD.  

La confiabilidad tiene con ver con la forma en que interpretamos los resultados y también con la estabilidad de los mismos.  De ahí la importancia de contar con criterios de evaluación claros, y con una escala estandarizada que nos permita dar un puntaje transperante en cada uno de los criterios definidos, de modo que si aplicamos el mismo examen en distintas ocasiones, o con distintos evaluadores, los resultados sean estables.

Un caso claro en los exámenes internacionales de inglés es el uso del Marco Común Europeo de Referencia para establecer los criterios de evaluación y las escalas de puntuación, que permiten no sólo la confiabilidad de resultados sino también la correcta interpretación de los mismos.

 

Validez y confiabilidad, por tanto van de la mano y son características indispensables para que una prueba sea útil y adecuada tanto en un contexto social como en un contexto educacional, de allí que el balance adecuado entre estas dos características, determina en mucho el impacto positivo de cualquier examen o prueba.

 

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